Entrevista a Futuro Terror

Pero espérate, que también hubo entrevista. Hablé un ratico con los alicantinos sobre escenas, cosas por las que luchar, letras explícitas y  otras muchas movidas.No cuento más por si os pasa como a mí y el automático os salta cada dos minutos. La cosa empezó así:

El Montana y yo perseguimos a los tres tíos de Futuro Terror hasta las tripas del restaurante Las Morcillas. Cuando se giran, dispuestos a pegarnos dos hostias, les contamos que tenemos una entrevista con ellos. ¡Ah, una entrevista!, dice uno mientras se sienta. Los otros dos, la novia de uno de ellos y el tío de Movidas Ardilla le imitan. La mesa está llena de habas. Los tres tíos empiezan a devorarlas con suficiencia, como si respiraran. El Montana y yo nos sentamos enfrente. Decimos que ya hemos cenado, pero es mentira. Enciendo la grabadora y hablo durante un rato con una de las bandas más especiales -rápida, melodiosa, inteligente, emocional- que hay en este país. En mayo publicaron Su nombre real es otro (Bcore), su segundo largo. Hablamos de dedicarse a esto, de luchar, de escenas, de medios de producción y de otro puñado de cosas. Como era previsible, El Montana y yo acabamos pinchándoles birra y cena.

Ah, la entrevista. La tienes aquí.

Ni tatuaje ni hostias, no puedes trabajar ahí

Esta es la crónica de mi primer (y último) día trabajando como comercial de una famosísisisisisima empresa energética. 

reunion-comercial

Si buscas en Google ‘Comercial’, esta es una de las primeras imágenes que aparece. Igual está feo que lo diga desde el principio, pero esta escena no sucedió aquel día.

Acabo de abrir la puerta del piso de mi hermana. Mi hermana está en el salón. Me ha mirado con una cara que parece decir: ¿Qué, muchas hostias hoy? He entrado en el salón y me he sentado en el sofá que hay al fondo, junto a la ventana. Ella está sentada en el otro sofá. Los sofás forman un ángulo de 90 grados. Me he tumbado en el sofá y he dicho: Ana, quiero morirme. Ella me ha preguntado por qué, y yo le he dicho que en realidad la historia era graciosa, pero que quiero morirme. He pensado en Kurt Vonnegut y en eso de que después de una desgracia tienes dos opciones: reír o llorar; y que si ríes luego no tienes que limpiar nada. Me he quitado el abrigo y he empezado a contarle cómo me había ido mi primer día de curro.

El sitio se llama Centro de Negocios Bruselas. Me llamaron y me dijeron que me habían seleccionado para hacer la entrevista de trabajo. Como me había tirado toda la mañana deambulando por Infojobs, Jobandtalent, Laboris, Bebee, Linkedin y el Sefcarm y había enviado mi currículum a unos dos millones de ofertas, no tenía ni puta idea de quién me llamaba ni, peor aún, del trabajo en cuestión. Me pareció muy feo preguntarle a la señora telefonista algo rollo: ¿vale, pero de cuál de los cinco millones de empleos a los que he enviado mi currículum se trata? Así que puse voz de haber recibido tres llamadas de ese tipo en los últimos diez minutos. Dejé que la señora telefonista escuchara cómo aspiraba y expiraba mientras decía: bien…pues…ese rollo. Voz solvente. Tuve la entrevista el miércoles pasado, el día después del cumpleaños de Lucía. Aparecí en el Centro de Negocios Bruselas después de haber dormido tres horas y con el abrigo lleno de purpurina y con el currículum doblado cuatro veces, como si fuera la página de La Opinión en la que se ve  la cabeza de tu abuelo en la grada de cemento de la Condomina y que tu abuela guardó durante 234 años. Bueno, pues pasé la entrevista. El Eshesh, el jefe, no dejaba de mirarme el pendiente; pero pasé la entrevista. Al día siguiente me llamaron y me dijeron que empezaba el lunes. Bien. Hoy ha sido lunes.

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Fui al SOS buscando el cadáver del indie y acabé pensando en Travis Bickle frente a un espejo

Este texto fue un medio encargo de Vice. La cosa fue así: le envié a esa buena gente una serie de textos y me dijeron que les molaba el rollo pero que eran “demasiado culturales”. Les propuse una incursión gonzo en el vip del SOS para buscar el cadáver del indie. No sé si me dijeron que sí para que me callara de una puta vez, porque no volví a saber nada de ellos. 

El segurata me ha visto. Me separan de él unos 15 metros. 14,13,12. Es posible que esta sea la quinta vez que me comprueba la pulsera. 5,4,3. Le suelto un buenas, ¿cómo vamos? porque pensaba que en la entrada de la zona VIP de un festival se habla así a los seguratas. No responde. Tira de mi pulsera como si la erradicación del hambre en el mundo dependiera de ello. Como si por su cabeza pasara una idea que dice ¿cómo vas a ser tú VIP con esas pintas de yonkie? Mientras, el otro segurata ha despachado a siete personas. Entro y recuerdo que quería empezar esta crónica hablando de Hunter S. Thompson y de cuando se fue de pesca con varios peces gordos norteamericanos y se dio cuenta de que eran unos cerdos vanidosos y farsantes. Entiendo que va a ser imposible.

Murcia. Primer fin de semana de mayo. El SOS 4.8 inaugura la temporada nacional de festivales veraniegos. Se prevé que más de 30.000 personas inunden las calles de la capital del Segura para disfrutar de su festival y su sol y sus gentes y su alcohol a precio de fábrica. El gran reclamo de este año es un galán hedonista llamado Morrissey. Eso dice la nota de prensa. BLABLABLABLA. Esta mañana un colega me ha contado que hace una semana, en el supermercado, escuchó esta conversación:

-Acha, ¿te has pillado la entrada del SOS?

-Sí, tía, no sé quién viene ni nada, pero se monta una fiesta que flipas.

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