Mi padre y Machado y Benjamin

Pues resulta que un verano fui con mis viejos y mi hermana a visitar las tumbas de Walter Benjamin y Antonio Machado. Lo guapo es que ese era un viaje del que mi padre llevaba hablando desde antes de que yo supiera andar, así que todo estuvo rodeado de una atmósfera de ajuste de cuentas con nosotros mismos. Y bueno, hubo conatos de pelea con franceses, discusiones con empleados de una empresa de alquiler de coches de Sants, atascos y recuerdos del Chava. Hasta vimos a Batman. Lo escribí para los compadres de Negratinta (que me cambiaron el título pero no pasa nada, porque no vamos a tomar pesaombres) y lo puedes leer si le metes un cabezazo al botón izquierdo del ratón sobre ESTO.

Me jode decirlo, pero el Madrid me da asco

Ahora que el Madrid vuelve a ser vulnerable (o a parecerlo, y ser así más aún el Madrid), recupero este texto que escribí para la buena gente de Negratinta. La cosa va de contradicciones y de amores inoportunos. 

No es que ahora el Madrid sea una multinacional y que Florentino Pérez represente todo lo que odio, no es solo lo de Fly Emirates, ni siquiera la posibilidad de que Aznar sea presidente. Ni siquiera que no juegue a nada… joder, llevamos quince años sin jugar a nada. Es la acumulación de todo eso y la certeza de que jamás dejaré de ser del Madrid. Es un sentimiento demasiado fuerte, ¿sabes lo que te digo? A mi vida llegan personas por las que parece que voy a dejar todo y al final esas personas pasan y yo sigo mi camino, leo, veo pelis, escucho discos… y solo me quedo con los que molan. Lo del Madrid es otra cosa.

¿Qué? ¿El texto completo? Ah, sí: aquí.

Entrevista a Jon Spencer

Ayer me dijo mi hermana que era un drama que se perdiera la entrevista que le hice a Jon Spencer. Yo creo que exagera, pero la recupero aquí. Entrevisté a Spencer hace dos veranos. Yo buscaba silencio en el hueco de una escalera de El Periódico y él estaba afeitándose en algún lugar de Polonia. Y creo que me perdonó la vida.

thejonspencerbluesexplosion

Jon Spencer está ahora mismo en algún sitio de Europa. Las estaciones meteorológicas llevan unas semanas registrando tormentas y huracanes. Los del tiempo han perdido los papeles. No saben qué hacer. Pese a todo, tienen suerte: Jon Spencer suena meditabundo, más relajado que nunca. A veces suelta algún fuck para que recordemos que la sangre sigue resbalando por su cara afilada y que sigue siendo un hereje. En marzo vio la luz Freedom Tower – No wave dance party 2015, el décimo álbum de estudio de su Blues Explosion, que tocará en noviembre en Bilbao (día seis), Madrid (siete) y Barcelona (ocho). Cuando Spencer dice Yeah, it´s Jon, oigo algo quemándose de fondo.

  • Hace poco has cumplido 50 años, ¿qué ves si miras atrás?

No suelo mirar mucho hacia atrás, la memoria no es mi fuerte. Pero el presente me hace pensar en el pasado. Esta gira europea, por ejemplo. La hemos hecho varias veces, y siempre ha ido genial. Recuerdo con cariño mis discos antiguos. Mi relación con mi trayectoria es positiva. Pero ya te digo que prefiero mirar hacia adelante, aunque tampoco a muy largo plazo. Creo que es bueno focalizar tu energía en el corto plazo, en el momento: ahora estoy centrado en esta conversación. Después, en la prueba de sonido, después sé que pasaré un rato solo para prepararme para el concierto y después, el concierto. Pensar de esa forma me ayuda mucho.

  • ¿Ha cambiado tu relación con Judah Bauer y Russell Simins –guitarrista y batería de la Blues Explosion- a lo largo del tiempo?

Por supuesto. Hace mucho que empecé a tocar con ellos. Es imposible que una relación entre seres humanos no cambie en 25 años. Por suerte, nuestra relación es cada vez más profunda. Compartimos un gran orgullo por lo que hacemos, y nos respetamos mucho. A lo largo del tiempo nos hemos dado cuenta de que la combinación de nuestras tres personalidades es lo que ha hecho posible a una banda como la Blues Explosion. Nada más que eso. Con el tiempo, nuestra comunicación y la confianza en el otro han alcanzado niveles muy profundos.

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Entrevista a Futuro Terror

Pero espérate, que también hubo entrevista. Hablé un ratico con los alicantinos sobre escenas, cosas por las que luchar, letras explícitas y  otras muchas movidas.No cuento más por si os pasa como a mí y el automático os salta cada dos minutos. La cosa empezó así:

El Montana y yo perseguimos a los tres tíos de Futuro Terror hasta las tripas del restaurante Las Morcillas. Cuando se giran, dispuestos a pegarnos dos hostias, les contamos que tenemos una entrevista con ellos. ¡Ah, una entrevista!, dice uno mientras se sienta. Los otros dos, la novia de uno de ellos y el tío de Movidas Ardilla le imitan. La mesa está llena de habas. Los tres tíos empiezan a devorarlas con suficiencia, como si respiraran. El Montana y yo nos sentamos enfrente. Decimos que ya hemos cenado, pero es mentira. Enciendo la grabadora y hablo durante un rato con una de las bandas más especiales -rápida, melodiosa, inteligente, emocional- que hay en este país. En mayo publicaron Su nombre real es otro (Bcore), su segundo largo. Hablamos de dedicarse a esto, de luchar, de escenas, de medios de producción y de otro puñado de cosas. Como era previsible, El Montana y yo acabamos pinchándoles birra y cena.

Ah, la entrevista. La tienes aquí.

Ni tatuaje ni hostias, no puedes trabajar ahí

Esta es la crónica de mi primer (y último) día trabajando como comercial de una famosísisisisisima empresa energética. 

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Si buscas en Google ‘Comercial’, esta es una de las primeras imágenes que aparece. Igual está feo que lo diga desde el principio, pero esta escena no sucedió aquel día.

Acabo de abrir la puerta del piso de mi hermana. Mi hermana está en el salón. Me ha mirado con una cara que parece decir: ¿Qué, muchas hostias hoy? He entrado en el salón y me he sentado en el sofá que hay al fondo, junto a la ventana. Ella está sentada en el otro sofá. Los sofás forman un ángulo de 90 grados. Me he tumbado en el sofá y he dicho: Ana, quiero morirme. Ella me ha preguntado por qué, y yo le he dicho que en realidad la historia era graciosa, pero que quiero morirme. He pensado en Kurt Vonnegut y en eso de que después de una desgracia tienes dos opciones: reír o llorar; y que si ríes luego no tienes que limpiar nada. Me he quitado el abrigo y he empezado a contarle cómo me había ido mi primer día de curro.

El sitio se llama Centro de Negocios Bruselas. Me llamaron y me dijeron que me habían seleccionado para hacer la entrevista de trabajo. Como me había tirado toda la mañana deambulando por Infojobs, Jobandtalent, Laboris, Bebee, Linkedin y el Sefcarm y había enviado mi currículum a unos dos millones de ofertas, no tenía ni puta idea de quién me llamaba ni, peor aún, del trabajo en cuestión. Me pareció muy feo preguntarle a la señora telefonista algo rollo: ¿vale, pero de cuál de los cinco millones de empleos a los que he enviado mi currículum se trata? Así que puse voz de haber recibido tres llamadas de ese tipo en los últimos diez minutos. Dejé que la señora telefonista escuchara cómo aspiraba y expiraba mientras decía: bien…pues…ese rollo. Voz solvente. Tuve la entrevista el miércoles pasado, el día después del cumpleaños de Lucía. Aparecí en el Centro de Negocios Bruselas después de haber dormido tres horas y con el abrigo lleno de purpurina y con el currículum doblado cuatro veces, como si fuera la página de La Opinión en la que se ve  la cabeza de tu abuelo en la grada de cemento de la Condomina y que tu abuela guardó durante 234 años. Bueno, pues pasé la entrevista. El Eshesh, el jefe, no dejaba de mirarme el pendiente; pero pasé la entrevista. Al día siguiente me llamaron y me dijeron que empezaba el lunes. Bien. Hoy ha sido lunes.

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